¿Cómo afecta el consumo de alcohol a tu cerebro, sistema digestivo y corazón?

El consumo de alcohol afecta a los distintos órganos del cuerpo [1], y la gravedad de sus efectos depende de muchos factores. A continuación, te explicamos lo que necesitas saber.

Una mujer vestida con una camiseta deportiva sin mangas verde menta aparece en un entorno frondoso al aire libre. La mujer tiene el rostro girado hacia el sol.
Crédito de imagen - Ilustración de una cabeza humana en la que se ve el cerebro

Uno de los primeros órganos afectados por el consumo de alcohol es el cerebro

El consumo de alcohol no produce los mismos efectos en todas las personas, pero por lo general, su impacto se nota en cuestión de minutos. A medida que el etanol llega al cerebro, interactúa con las sustancias químicas y los mecanismos que determinan las emociones y el estado de ánimo, la forma de responder al placer y al dolor, y regulan la coordinación, el movimiento e incluso la respiración[2].

Beber con moderación reduce la inhibición y aumenta la relajación, pero cuanto más se bebe, más disminuye la capacidad de reacción. Si se consume mucho alcohol en poco tiempo, se corre el riesgo de perder el conocimiento.. En casos extremos, quienes sufren una grave intoxicación etílica pueden entrar en coma e incluso dejar de respirar [3]. En todas estas respuestas interviene el cerebro.

Existen estudios que demuestran que el consumo excesivo y abusivo de alcohol durante un largo periodo de tiempo puede llegar a alterar la estructura del cerebro [4]. El cerebro, a diferencia de otros órganos, no se regenera, por lo que cualquier daño que sufra es irreversible. Esta es también una de las razones por las que el consumo de alcohol a una edad temprana no es en absoluto recomendable. Dado que el cerebro de los adolescentes aún se encuentra en fase de desarrollo, el consumo de alcohol puede alterar la formación de las conexiones neuronales, en particular aquellas relacionadas con el aprendizaje y la memoria [5, 6].

Algunos estudios científicos han demostrado que, en determinados adultos, el consumo moderado de alcohol puede tener un efecto positivo en el funcionamiento del cerebro, mejorar la capacidad cognitiva y la memoria, y ralentizar el deterioro mental que suele asociarse al envejecimiento [7-9].

Sin embargo, estos posibles efectos no son válidos para todo el mundo, y no se debe empezar a consumir alcohol por motivos de salud. Solo los profesionales de la salud podrán ofrecer asesoramiento en función de los hábitos de consumo de alcohol, la salud y el estilo de vida de cada persona. Las personas mayores pueden necesitar asesoramiento especializado sobre el consumo de alcohol y sus efectos.

Es importante recordar que el impacto del consumo de alcohol en la salud es el mismo, con independencia de si se elige cerveza, vino o licores destilados. Todos ellos tienen el mismo efecto en el cerebro y en los distintos órganos y sistemas del cuerpo, dependiendo de la cantidad que se ingiera. Desde el punto de vista de la salud, el alcohol no es más que alcohol.

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Crédito de imagen - Ilustración de un torso humano mostrando el hígado y el estómago

El hígado es el principal órgano del cuerpo encargado de eliminar el alcohol.

El hígado forma parte del aparato digestivo y su principal función es metabolizar la mayor parte del alcohol que se ingiere [21]. El etanol presente en la bebida se convierte primero en un compuesto llamado acetaldehído, que resulta tóxico para el organismo, por lo que se metaboliza rápidamente y se elimina a través de la orina.

El consumo excesivo de alcohol afectará gravemente al hígado [22]. Las enzimas del hígado son capaces de metabolizar alrededor de una bebida alcohólica por hora; beber más y a un ritmo más rápido hace que el acetaldehído se acumule y permanezca en el organismo, provocando graves daños. El consumo excesivo de alcohol durante largos periodos de tiempo provoca inflamación del hígado y una enfermedad llamada cirrosis, que se caracteriza por la acumulación de tejido cicatricial que impide el correcto funcionamiento del hígado.

Los efectos del alcohol en el hígado dependerán también de otros factores [23]. Algunos estudios demuestran que la obesidad y el consumo de ciertos medicamentos dañan el hígado, aumentando la inflamación y la predisposición a la acumulación de acetaldehído. Ante cualquier duda sobre el impacto del consumo de alcohol en el hígado o su posible interacción con medicamentos, lo más recomendable es consultar con un profesional de la salud para obtener asesoramiento correcto y adecuado para cada caso.

An older lady wearing sportswear, and a towel around her neck, is outside exercising. She is smiling while listening to music.
Crédito de imagen - Ilustración de un torso humano en el que se ve el corazón

El consumo de alcohol afecta al corazón de manera diferente en función de cómo se beba y de quién sea la persona.

El consumo excesivo de alcohol es perjudicial para el corazón [24]. Puede dar lugar a un ritmo cardíaco irregular, conocido como arritmia [25], incluso después de un único episodio de consumo excesivo de alcohol. El trastorno cardíaco conocido como el «síndrome del corazón en vacaciones», ocurre cuando el ritmo cardíaco se ve alterado tras un consumo excesivo de alcohol (y alimentos), con frecuencia durante fiestas y celebraciones [26]. La persona afectada se puede sentir mareada, aturdida y sin aliento. El consumo excesivo y repetido de alcohol puede aumentar el riesgo de sufrir trastornos a largo plazo, como insuficiencia cardíaca y accidentes cerebrovasculares [27, 28]. Se recomienda a las personas que padecen determinadas afecciones cardíacas o tienen antecedentes familiares de cardiopatías que no consuman alcohol en absoluto.

Ahora bien, diversos estudios realizados a lo largo de muchas décadas respaldan la idea de que, para algunas personas de mediana edad y mayores, beber con moderación puede beneficiar al corazón [28]. En comparación con las personas que no beben alcohol, quienes lo hacen con moderación presentan niveles más bajos de colesterol y menos acumulación en los vasos sanguíneos [29], lo que reduce el riesgo de cardiopatías y accidentes cerebrovasculares. Pero estas afirmaciones no son válidas para todo el mundo. Existen otros factores que juegan un papel importante, como la edad, el sexo y el estado de salud general. Incluso la ingesta de pequeñas cantidades de alcohol puede entrañar un riesgo para las personas que toman determinados medicamentos o padecen otras dolencias.

En los últimos años, algunos científicos han cuestionado los beneficios del consumo moderado de alcohol para el corazón, alegando posibles deficiencias en algunos estudios fundamentales [30-32]. Sin embargo, en lo que los científicos se muestran unánimes es en el efecto que el consumo excesivo de alcohol puede tener en el corazón. La ingesta compulsiva y excesiva de alcohol durante un largo periodo de tiempo puede aumentar las probabilidades de desarrollar enfermedades cardíacas. Dado que los efectos del consumo de alcohol varían de una persona a otra, es importante consultar a un profesional de la salud en caso de duda sobre el consumo de alcohol y su impacto en el corazón.

El consumo excesivo de alcohol puede alterar el equilibrio y el correcto funcionamiento del intestino.
Dr Megan Rossi (PhD, RD)
Dra. Megan Rossi (doctora y dietista titulada)

El alcohol afecta a la microbiota intestinal y un consumo excesivo puede provocar inflamación en el organismo.

Es importante tener en cuenta que, mantener una buena salud intestinal no solo favorece una correcta digestión, sino que también influye en el sistema inmunológico (dado que alrededor del 70 % de este se encuentra en el intestino), lo que contribuye a combatir infecciones y prevenir algunas enfermedades, además de favorecer la longevidad, el bienestar emocional y mucho más. Y aquí es donde interviene la « microbiota» intestinal, el conjunto de miles y miles de millones de microorganismos que se encargan de mantener el buen funcionamiento del organismo y su relación con casi todos los órganos y funciones del cuerpo.

La microbiota intestinal desempeña un papel crucial a la hora de controlar la inflamación; por lo que la alteración de la homeostasis intestinal (el equilibrio) repercute en numerosos aspectos del estado de salud general del individuo.

El consumo excesivo de alcohol es una de las principales causas de esta alteración , ya que favorece la proliferación de bacterias que causan inflamación y elimina las que tienen propiedades antiinflamatorias [11]. Los efectos a corto plazo son evidentes: se pueden manifestar en acidez estomacal, náuseas o vómitos, hinchazón o diarrea [12, 13 14]. La resaca es el primer y más evidente síntoma de inflamación tras un consumo excesivo de alcohol.

A largo plazo, el consumo excesivo de alcohol reduce la diversidad de la microbiota intestinal, lo que aumenta el riesgo de padecer síndrome del intestino permeable y síndrome del intestino irritable [15, 16]. Además, también se asocia con un mayor riesgo de padecer trastornos autoinmunes y neurodegenerativos , así como algunos tipos de cáncer [17, 18, 19]. Todo esto implica la reducción de la capacidad del cuerpo para combatir la inflamación.

La buena noticia es que la microbiota intestinal es muy resistente y es posible recuperarla reduciendo el consumo de alcohol y adaptando la dieta para incluir una gran variedad de alimentos de origen vegetal, lo que la Dra. Megan Rossi (doctora y dietista titulada) denomina «los seis superalimentos» (frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, frutos secos y semillas, además de hierbas y especias) , lo que contribuye a la recuperación de la microbiota intestinal [20]. Todo tipo de bebidas alcohólicas contribuyen a la inflamación si se consumen en exceso y pueden afectar negativamente a la microbiota intestinal.,

La Dra. Megan Rossi (doctora y dietista titulada), fundadora de The Gut Health Doctor, señaló: «El alcohol interactúa activamente con la microbiota intestinal y puede alterar la singular combinación de microorganismos presentes en el tracto digestivo, lo que significa que incluso unas cuantas copas de más pueden afectar al funcionamiento del intestino». Los cambios en el equilibrio de la microbiota pueden afectar a la permeabilidad intestinal (también conocida como «intestino permeable»), la inflamación, la digestión e incluso el tránsito intestinal. No es necesario renunciar por completo al alcohol para mantener una buena salud intestinal, pero tomar decisiones informadas puede suponer una gran diferencia. Por ejemplo, reducir la ingesta total de alcohol, alternarla con bebidas no alcohólicas, añadir frutos rojos congelados con agua con gas en lugar de bebidas azucaradas o bajas en calorías a las bebidas alcohólicas, elegir alternativas con mayor contenido en polifenoles (compuestos vegetales que favorecen la flora intestinal), tales como el vino tinto, la cerveza negra y el whisky con jengibre, no beber con el estómago vacío, nutrir la flora intestinal con alimentos vegetales ricos en fibra antes y después de consumir alcohol, y una buena hidratación, son medidas que contribuyen a reducir los efectos negativos del alcohol. Asimismo, es importante prestar atención a cómo responde el cuerpo al alcohol observando cómo reacciona el estómago después de beber. Gracias a esta mayor concienciación y a la puesta en práctica de sencillas medidas para cuidar el intestino, es posible disfrutar de la vida social sin comprometer la salud intestinal a largo plazo».

Referencias
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