Apoyo con la bebida

Cómo hablar con un adolescente que bebe alcohol

¿Va a escuchar? ¿Va a acabar en una discusión? Hablar con los jóvenes sobre el alcohol es un reto para cualquier adulto. Hay tres tácticas que pueden dar resultados positivos, dice Dru Jaeger.

Cómo hablar con un adolescente que bebe alcohol
Cómo hablar con un adolescente que bebe alcohol

Los adolescentes aprenden a beber imitando a los adultos que les rodean en diferentes sociedades. Así que, como adulto, tiene la responsabilidad de ayudar a que los jóvenes de su entorno desarrollen una relación sana y de respeto con el alcohol.

Los jóvenes son curiosos por naturaleza, así que puede que ya hayan oído historias sobre la bebida, incluso si aún no la han probado. Aprenda sobre el alcohol y busque oportunidades para iniciar la conversación con calma. Pregúnteles qué saben ya, responda a sus preguntas y aproveche lo que ya saben.

El éxito de sus conversaciones depende de la solidez de su relación. Debe fomentar un ambiente de apertura y respeto mutuo tanto si habla mal del alcohol como si no. ¿Qué debe hacer si un adolescente ya ha empezado a beber?

Elija el momento adecuado

Puede ser difícil controlar sus propios sentimientos de frustración si espera a que el adolescente vuelva a casa y entre por la puerta. Pero sea realista. Un adolescente ebrio no va a recordar una conversación. Es muy posible que se desate la ira —la de ambos—. Así que respire hondo. Habrá un momento para hablar, pero no ahora.

Un joven necesita cuidados cuando está ebrio, no una discusión. Se tarda un tiempo en procesar el alcohol, así que si ha estado bebiendo en exceso, vigílelo de cerca. Aprenda a reconocer los síntomas de la intoxicación etílica y busque asistencia médica si no se encuentra bien.

En caso contrario, dígale que beba mucha agua y que duerma. Puede que tenga resaca por la mañana, así que necesitará su apoyo. Deje su ira y su preocupación de lado por ahora y concéntrese en sus necesidades emocionales y físicas, como si estuviera enfermo por otro motivo. Ya habrá tiempo para hablar cuando se encuentren mejor.

Pocas veces funciona limitarse a decirle a alguien lo que tiene que hacer como estrategia para un cambio de conducta, así que no debe esperar que este enfoque surta efecto.

- Dru Jaeger

Aprenda de lo ocurrido

Beber demasiado rápido hace que el cerebro deje de formar recuerdos, así que tenga paciencia si un joven está confuso acerca de lo que ha ocurrido o tiene importantes lagunas de memoria. Concéntrese en lo que pueda recordar: dónde estuvo, quién estuvo allí, qué bebió y qué pasó. Pero lo más importante es que le pregunte qué cree que podría hacer de manera diferente la próxima vez.

Si está enfadado, puede verse tentado a recurrir a prohibiciones y castigos. Pero aunque sea menor de la edad legal para beber, intente llevar la conversación como si fuese un adulto. Pocas veces funciona limitarse a decirle a alguien lo que tiene que hacer como estrategia para un cambio de conducta, así que no debe esperar que este enfoque surta efecto.

De adultos cambiamos reflexionando sobre nuestras experiencias pasadas y haciendo planes nuevos. Los jóvenes también pueden hacer esto, y usted puede ayudarles a aprender esta habilidad vital. Su éxito se basa en que los guíe para que lleguen a sus propias conclusiones, aunque esto puede ser una valiosa experiencia de aprendizaje.

Reflexione sobre sus ​propias experiencias

Sea sincero con sus experiencias si ha tenido dificultades con la bebida. Puede evitar caer en la hipocresía siendo honesto y mostrándoles que nadie es perfecto. En todo caso, puede que ya se hayan figurado muchas más cosas de las que usted estaría dispuesto a admitir.

Sus experiencias —buenas o malas— pueden ser valiosas para ellos. Por supuesto, es posible que para ellos usted no sepa nada y no entienda por lo que están pasando. Pero esto irá cambiando con el tiempo, cuando empiece a utilizar una relación de adulto a adulto.

A medida que vaya desarrollando una relación más igualitaria será posible establecer normas y límites. Sin embargo, tenga cuidado a la hora de imponer restricciones que no esté dispuesto a llevar a la práctica, o que usted mismo no seguiría. Decirle a un adolescente que solo se tome una copa y que vuelva a casa antes de las 10 de la noche no será de mucha utilidad, especialmente si usted bebe más o se queda despierto hasta más tarde de manera habitual. Ahora puede ser usted un modelo de conducta, sin importar cuál haya sido su relación personal con el alcohol. Y nunca es tarde para tener una conversación sobre el consumo, incluyendo el suyo propio.